"El significativo incremento de la población recluida en los recintos penales del país ha desbordado las capacidades físicas y organizacionales del sistema penitenciario. Este no estaba preparado para absorber la creciente demanda de cupos en el régimen cerrado, ni para abordar los nuevos perfiles de los reclusos, más violentos y ligados al crimen organizado transnacional".
La conclusión, del boletín de julio de 2024 del Centro de Estudios Públicos (CEP), contrasta con el diagnóstico fácil sobre cómo enfrentar la inseguridad.
Con un 76% de aprobación en Chile, Nayib Bukele gobierna El Salvador, un país de 6,3 millones de habitantes-un tercio de Chile-con una población carcelaria de 110.000 personas, más del doble que la de nuestro país y el triple de la que tenía en su país antes de su llegada al poder. Hoy, la nación centroamericana lidera en tasa de presos a nivel mundial (1.000 por cada 100.000 habitantes) y, al mismo tiempo, es uno de los países más seguros de la región. Para lograrlo, entre otras medidas, construyó una cárcel con capacidad para 40.000 reclusos, pero aún así subsisten graves problemas de hacinamiento.
El investigador del CEP, Mauricio Salgado, señala que en la última década la población penal en régimen cerrado a cargo de Gendarmería ha crecido 29%: de 43.158 reos en 2013 a 59.576 en 2024. En contraste, la capacidad carcelaria sólo aumentó de 40.444 a 41.931 plazas en el mismo período. Si parte de la solución es endurecer las penas, la construcción de cárceles es urgente.
En la Región de Los Lagos, la última gran inversión en infraestructura penitenciaria fue en 2007, con la inauguración de Alto Bonito, en Puerto Montt, diseñado para 1.600 reclusos. Hace unos meses se anunció una ampliación con 600 nuevas plazas.
Con la proximidad de las elecciones presidenciales, comienzan las promesas de siempre, con propuestas que oscilan entre la necesidad de reinserción y la mano dura, pero en ambos casos se requiere una gran inversión. Si quiere saber si su candidato habla en serio, pregúntele dónde se construirán las cárceles que faltan y qué espacios habrá para una reinserción real.
En otras palabras: dude de todo aquel que sólo apunte a la educación, sin establecer qué y cómo, y de todo aquel que le diga que la solución es más mano dura, sin decir dónde serán encarcelados aquellos que deban ir a un recinto penal por esa mano dura.