La defensa y cuidado de la naturaleza ha sido materia de preocupación histórica mayormente de aquellas comunidades cuyo conocimiento y convivencia se ha desarrollado fuera de las áreas metropolitanas. Frente a la desigualdad y exclusión que nacen de los actuales modelos económicos en los que la búsqueda constante del beneficio económico se da a costa de los bienes de la naturaleza y de la vida, los movimientos de mujeres, preocupados por este tipo de problemáticas, se han organizado tanto por objetivos identitarios -de género y territorio- como por la exigencia de cambios estructurales en el ámbito económico, de cuidado y de reproducción de la vida. Al constituirse en cuerpos orgánicos, han logrado romper mecanismos de subordinación de género, ejerciendo un poder colectivo que irradia en diferentes ámbitos de su quehacer político. Han construido comunidad en sociedades fragmentadas, realizando múltiples prácticas que tienden a crear una "sociedad del cuidado", basada en un desarrollo local sustentable, con enfoque de género y derechos humanos.
En definitiva, han sido las mujeres que se han posicionado como defensoras de la naturaleza. Defensa que se ha realizado fuera de los clásicos ámbitos de poder, defendiendo los ecosistemas que habitan.
Ellas han promovido la transversalización de aspectos clave para la comprensión de los movimientos sociales asociados a la naturaleza, ya que tienden a ser transgeneracionales, puesto que apelan a la memoria histórica de sus comunidades. Apuntan a una comprensión transnacional de los problemas, cuestionando el estado-nación moderno.
Así, el habitar entendido no sólo como el lugar en el que se reside, sino también el que es cuidado y protegido, plantea coordenadas significativas que apuntan a la "sociedad del cuidado", cuyo propósito es instalar "el cuidado de las personas y el cuidado del planeta como alternativas imprescindibles frente al estilo actual de desarrollo que no valora las actividades esenciales para el sostenimiento de la vida, que reproduce desigualdades de género, socioeconómicas, étnicas y territoriales, y que genera estragos socioambientales" (CEPAL, 2022). Este es el llamado que realizan las organizaciones de mujeres, que promueven acciones en busca de un cuidado ampliado de la naturaleza.
Se trata de lideresas, mujeres diversas en términos etarios y de género, fuera de la academia, que promueven la justicia climática y ecológica a través de la construcción de relaciones de confianza, trazando estrategias comunes en cuyo centro se escuchen las voces de mujeres indígenas y rurales, especialmente las del sur global que luchan a diario por mantener a sus familias.